Había una primavera en que brillabas en mi pecho, te mostrabas limpia y serena y aunque el mundo no pudiera integrar tu luz, tú se la regalabas y un día te secaste sobre el pavimento humano y solo el lucero de tu llama te devolvió el cuerpo, la forma y la manera de caminar. Ahora tú sabes el secreto y la única misión será compartirlo con la humanidad. Había una primavera en que brotaste en los corazones y de tanto brotar te marchitaste con tu propio fuego, pero el invierno te ha acompañado cerca de la candela y tus brotes están resurgiendo desde el corazón de la tierra.
Había una primavera y brotará en el corazón de los hombres para limpiarles la tristeza de tantos años de oscuridad.
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